Bosques mágicos y árboles milenarios

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Los árboles han compartido nuestro destino desde los inicios de los tiempos, cuando Adán y Eva, nuestros primeros antepasados, se dejaron tentar por el fruto prohibido y cometieron el pecado original.

Parece evidente, entonces, que la magia siempre ha estado relacionada con los árboles y también con los bosques, donde encontraron la inspiración muchos pueblos que vivían en armonía con la naturaleza y pasaban los días siguiendo el ritmo de las estaciones.

Una vieja leyenda decía que una ardilla podía cruzar la península ibérica de norte a sur, saltando de árbol en árbol sin pisar el suelo. En aquellos tiempos, los bosques eran tan exuberantes que, desde el cielo, a vista de halcón, si hubiéramos mirado hacia abajo, solo hubiéramos visto una gigantesca alfombra vegetal que desprendía vida y misterio por todos los rincones.

Hoy en día esta situación ha cambiado de forma radical. Muchos lo justificarían diciendo que la progresiva destrucción del medio ambiente es una consecuencia lógica del progreso. Quizás tienen algo de razón cuando argumentan que éste es el peaje obligatorio que debemos pagar para disfrutar de todas las comodidades que tenemos a nuestro alcance, pero la realidad es que todavía podemos encontrar algunos bosques mágicos donde los únicos soberanos son los árboles centenarios y los animales.

Uno de los pueblos que supo captar el alma y el poder inherente de los bosques fueron los celtas y más concretamente sus sacerdotes. Los míticos druidas levantaban sus altares en el corazón de los bosques más frondosos, allí donde vivían los árboles más ancianos y poderosos. Esta decisión nunca era fruto de la casualidad y, de hecho, muchos estudiosos defienden que sobre estos antiguos altares se construyeron algunas de las catedrales más imponentes de toda Europa, como la de Chartres o la de Notre-Dame.

En nuestro hogar encontramos tesoros boscosos repartidos por todo el territorio y a parte de su evidente riqueza natural, también acostumbran a ser lugares especialmente prolíficos en cuanto a mitos y leyendas. Además, la singularidad de estos lugares también ejercía una atracción irresistible para muchas personas, que no solo vivían, sino que habían aprendido a sacarle un rendimiento. Allí encontraríamos gente como los carboneros, los leñadores, e incluso las trementinaires, unas mujeres sabias originales de la comarca del Alt Urgell, en Cataluña, que a partir del siglo XIX, hicieron de su habilidad para preparar remedios naturales una manera de ganarse la vida.

Algunos de los bosques mágicos que podemos encontrar hoy en día en Cataluña los encontraríamos en el Montseny, el mazizo dels Ports, o el Pedraforca, por nombrar algunos.

Por otro lado, el ilustre ganador del premio al árbol más antiguo del mundo es un anciano de 9.550 años que se llama Old Tijikko y que se encuentra en la cima de la montaña Fuljället, en el centro de Suecia. En Cataluña, este preciado galardón se lo disputan dos olivos milenarios que fueron plantados en tierras del Ebro, hace dos mil años, en tiempos del emperador Constantino.

Copyright David Martí Martínez. Reservados todos los derechos. Queda prohibido reproducir este texto sin la autorización expresa y por escrito del autor.